Todos los imbéciles de la burguesía que pronuncian las palabras inmoralidad, moralidad en el arte y demás tonterías me recuerdan a Louise Villedieu, una puta de a cinco francos, que una vez me acompañó al Louvre donde ella nunca había estado y empezó a sonrojarse y a taparse la cara. Tirándome a cada momento de la manga, me preguntaba ante las estatuas y cuadros inmortales cómo podían exhibirse públicamente semejantes indecencias. — C. Baudelaire en respuesta a los juicios moralistas que se hicieron de Las flores del mal. (via telodigoati)
(Fuente: atsubaki)
(Fuente: rottenwound)
“…la eternidad es ahora…”
La belleza más profunda es el error que se disfruta como virtud —
Juan Villoro.
¿Hay vida en la tierra?
(via livebreathing)
La sorpresa de la democracia es que puede ganar el peor: Villoro -
(Fuente: entropo)
(Fuente: enerulos, vía esmejorolvidar)
Junto a que la obra artística de uno fuera portátil, es decir, que no fuera pesada y pudiera ser fácilmente trasladable en un maletín, la otra condición era la de funcionar como una perfecta máquina soltera. Aunque no imprescindibles, se recomendaba también poseer ciertos rasgos que eran considerados como específicamente shandys: sexualidad extrema, nomadismo infatigable, espíritu innovador, ausencia de grandes propósitos, tensa convivencia con la figura del doble, simpatía por la negritud, cultivar el arte de la insolencia. — Fragmento de Historia abreviada de la literatura portátil, Enrique Vila-Matas.
Ay, no sé si tiene mucha importancia que diga esto u otra cosa. Decir es inventar. Sea falso o cierto. No inventamos nada, creemos inventar cuando en realidad nos limitamos a balbucear la lección, los restos de unos deberes escolares aprendidos y olvidados, la vida sin lágrimas, tal como la lloramos. Y a la mierda. — Enrique Vila-Matas, Bartleby y Compañía (via todoelartehemosdevorado)
Nunca la conoceré del todo”, pensó, como en una repentina y dolorosa revelación.
Estaba ahí, al alcance de su mano y de su boca. En cierto modo estaba sin defensa ¡pero qué lejana, qué inaccesible que estaba! Intuía que grandes abismos la separaban (no solamente el abismo del sueño sino otros) y que para llegar hasta el centro de ella habría que marchar durante jornadas temibles, al borde de vol
canes en erupción, entre llamaradas y tinieblas. “Nunca”, pensó, “nunca”.
”Pero me necesita, me ha elegido”, pensó también. De alguna manera lo había buscado y elegido a él, para algo que no alcanzaba comprender. Y le había contado cosas que estaba seguro jamás había contado a nadie, y presentía que le contaría muchas otras, todavía más terribles y hermosas que las que ya le había confesado. Pero también intuía que había otras que nunca, pero nunca le sería dado conocer. Y esas sombras misteriosas e inquietantes ¿no serían las más verdaderas de su alma, las únicas de verdadera importancia?
— Sobre Héroes y Tumbas (via elcuentoqueelvientosellevo)